La niñera

Este relato espera satisfacer la petición de Maria Elficarosa: “Me encantaría una historia de intriga o terror…”. Espero que te guste, y perdón por el retraso.

 

—Asegúrate de que estos pequeñajos comen algo. He dejado un poco de pollo en el microondas — La señora Densow se despidió con un beso en la frente de sus dos hijos. Terminó de colocarse unos pendientes de perlas y se agarró del brazo de su marido para salir —. Intentaremos llegar antes de medianoche. Portaos bien, chicos.

—Disfruten de la velada, yo me encargo de ellos —dijo Serena, la nueva niñera de los Densow.

Serena se extrañó de que los Densow cambiasen tanto de niñera. Solo llevaban un par de años en el vecindario y ya habían tenido cinco. Primero pensó que sería debido al carácter del matrimonio, que serían unos ogros y que no pagarían bien, pero ya había comprobado que ese no era el motivo: los Densow eran encantadores y la tarifa que le habían pagado -por adelantado, cosa que no era habitual- era más que suficiente.

Luego pensó que igual los culpables de tanto cambio eran los niños: Mark de doce años y Tom de cinco. Volvió a equivocarse, aquellos niños eran educados hasta el extremo, tranquilos y obedientes. Incluso rozaban lo repelente, pensó Serena. Después de cenar se ofreció a jugar con ellos un rato al Scrabble  y también demostraron ser inteligentes, lo cierto es que Serena no consiguió ganar ni una partida.

Le pareció curioso que ellos mismos propusiesen irse a la cama. Miraron el reloj de pared que había encima de la chimenea y se despidieron de Serena diciendo que tenían que descansar puesto que al día siguiente tenían cole. Aquellos críos eran perfectos ¿por qué no aguantaría ninguna niñera?, se preguntó la chica al quedarse sola en el salón.

Sacó la novela romántica que llevaba en la mochila y de la que estaba enganchada con la intención de aprovechar aquel momento de soledad y avanzar en la historia de Meg e Isaac, los protagonistas del truculento romance. Sin embargo se fijó en uno de los muebles que había junto a la ventana y al ver una bandeja de plata con unos preciosos vasos de cristal sobre él intuyó que ahí guardaban las bebidas.

Se sirvió un whisky que según rezaba en la etiqueta era de reserva, seguro que de los caros. Sonrió y se tumbó en el mullido sofá a disfrutar de su libro. Un ruido sordo y continuo le sobresaltó: pum, pum, pum.

Se incorporó y dejó sobre la mesita de centro el vaso ya vacío. Ladeó la cabeza hacia donde provenía el ruido intentando agudizar su sistema auditivo. Los golpes cesaron y un chirrido como el de bisagras oxidadas se hizo perceptible. El resto de la casa seguía en silencio. Serena se levantó. Esta vez pudo escuchar algo, una especie de fricción entre tejidos, como el que se provoca al restregarse por una pared con sigilo.

Serena notó como los pelos de la nuca se le erizaban y los latidos de su corazón se aceleraban, casi podía escuchar cada bombeo. Caminó por el pasillo, la puerta del sótano estaba entreabierta, sin duda los ruidos habían salido de allí. Soltó una risita nerviosa y se dijo a sí misma que no había qué temer, que era una idiota al imaginarse como las imbéciles chicas de las películas de terror que siempre acuden donde no deberían. “Allí no habría nada”, intentó convencerse, “seguro que sería algún objeto que se había caído o quizá un mapache que se había colado por el jardín”.

Aún así la niñera cogió lo primero que vio, un paraguas que había en el recibidor y se encaminó a la escalera que bajaba al sótano dispuesta a averiguar qué era lo que había allí abajo. No tuvo problema para encontrar el interruptor y encender la luz. Sonrió. “Esto en la película no hubiese pasado”, dijo en voz alta.

Sshsssss

Esta vez se oía una especie de siseo, como si hubiese un nido de serpientes al final de la escalera. Serena paró en seco, no le gustaban los reptiles, si era eso no pensaba acercarse, ya se apañarían los Dewson. Pero al menos tenía que cerciorarse que era eso de lo que se trataba. Cuando llegó al final de la escalera puso los brazos en jarra y suspiró aliviada:

—¡Chicos! ¿Qué hacéis aquí? Me habéis dado un susto de muerte…

Los niños estaban allí de pie, inmóviles y con los ojos fijos en ella. Un frío escalofrío recorrió la columna de Serena e hizo que se estremeciese.

—De…de…deberíais estar durmiendo —tartamudeó la niñera. Soltó un grito al ver como los ojos de los chicos se ponían en blanco. No entendía nada. Quería salir corriendo y subir los escalones de dos en dos, pero su cuerpo estaba paralizado por el miedo.

Una especie de tentáculos comenzaron a emerger de los oídos y las bocas de los pequeños que seguían quietos como estatuas. Serena ahogó otro grito echándose las manos a la boca y la garganta. Sus ojos no podían dejar de observar aquella escena tan repugnante y tétrica a pesar de intuir un final horroroso.

Los tentáculos chorreaban un líquido azul que fue impregnando el suelo de pequeñas gotas conforme avanzaban hacia Serena y terminaron rodeando su cuerpo poco a poco, produciendo un siseo inquietante hasta que llegaron a su cuello.  Después silencio.

Serena ya no veía, sus ojos estaban en penumbra, cubiertos por aquella masa viscosa, pero antes de perder la conciencia pudo sentir como los tentáculos se metían por sus oídos, cómo le reventaron los tímpanos e invadieron su garganta y su estómago.

Los Dewson llegaron a casa pasadas las doce y media de la madrugada. Serena estaba tumbada en el sofá del salón y se levantó en cuanto les oyó entrar.

—Sentimos llegar un poco tarde, cariño. ¿Se han portado bien? —preguntó la señora Dewson.

—Son unos niños geniales, señora. Bueno me voy, mañana tengo clases a primera hora — Serena cogió su mochila y salió de la casa.

—Cariño —dijo la señora Dewson a su marido —, creo que tendrás que hablar con los niños. Otra niñera que ya no nos vale. Haz el favor y explícales que solo pueden comerse lo que les traemos… A este paso van a terminar repoblando la ciudad y acabaremos sintiéndonos como en casa… ¡Se suponía que estábamos de vacaciones!

 

Anuncios

8 Comments

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s