Tú, mi luz

El condecorado capitán Fox nos recibió uno a uno en el vestíbulo de su casa y tras unas palmadas en la espalda y las típicas frases de bienvenida, nos hizo pasar a una de las salas de la planta baja. Después de meses entablando relaciones con todo aquél que intuíamos sentía atracción hacia el nuevo movimiento que estaba invadiendo las tierras francesas y alemanas, y que parecía ahora germinar en las nuestras, organizamos la primera reunión.

Todo parecía clandestino, la sala casi en penumbras únicamente iluminada por un par de lámparas de pie con tulipa de grueso cristal rojizo, los susurros entre los asistentes ansiosos por dar comienzo a sus teorías, el ambiente cargado de humo que producían los puros y los cigarrillos; todo indicaba, de forma errónea, que allí se planificaba una conspiración.

El anfitrión Fox fue el encargado en iniciar los debates y aunque al principio todos parecíamos un tanto desconfiados y retraídos, poco a poco comenzamos a profundizar en temas tan delicados como la fe, la razón, la necesidad de realizar cambios en la sociedad y el derecho al conocimiento de todos los habitantes de la ciudad como base para el progreso, un progreso que dejaría a un lado la tiranía feudal o eclesiástica.

Los argumentos se tornaban cada vez más profundos y también la defensa que los interlocutores hacían de los mismos. El capitan Fox tuvo a bien hacer una pequeña pausa para refrescar la mente y relajar los ánimos y llamó a una de sus doncellas con una campanilla dorada que había sobre la pequeña mesa de roble junto a él con el fin de que nos sirviese unas copas de coñac o whisky y vaciase los colmados ceniceros de nácar.

En cuestión de segundos una muchacha de aspecto frágil hizo acto de presencia. Fox solo tuvo que hacer un gesto para que la muchacha entendiese la orden. Silenciosa comenzó a llenar los vasos mientras el resto de mis compañeros retomaban sus elucubraciones. Yo solo pude continuar observando a la chica como si el frú-frú que hacían sus enaguas con cada paso que daba me hubiese dejado hechizado.

Nadie en aquella sala parecía darse cuenta de la luz que envolvía a la joven doncella y yo me alegré de ello. Observé cómo desenroscaba la botella de brandy y cómo se tensaba su antebrazo al inclinarla y verter con cuidado el líquido ambarino. Su rostro era dulce pero duro, aniñado pero sabio, natural sin restos de esos maquillajes que utilizaban las grandes damas ocultando lo que ellas consideraban imperfecciones. Por debajo de la cofia se escapaban un par de mechones dorados que se ensortijaban por culpa de la humedad incipiente en su frente.

Le pedí que me sirviese un vaso de agua con la única intención de llamar su atención, ya que como pude observar cuando abrió el armario, esta bebida no se encontraba entre todas aquellas botellas. Fue entonces cuando alzó la vista, había mantenido durante todo el rato la vista baja como muestra de deferencia, y nuestros ojos se cruzaron. Ese fue el momento de mi perdición, cuando sus pupilas azul oscuro me arrastraron hasta las profundidades de su mar atormentado.

Me sentí como un náufrago a la deriva, al que dejaron de importarle los argumentos, las teorías, la importancia de las matemáticas y el arte, para solo pensar en llegar a puerto, a un puerto donde los húmedos besos y las cálidas caricias de esa joven estuviesen esperándome.

Esta historia pretende saciar a Elficarosa, que nos pedía una romántica de esas ambientadas en el siglo XVIII, donde se escuchase el frú-frú de los ropajes. Es un inicio, no sé si continuar, se me ocurren varias cosas… Pero como aquí quien manda son los lectores dejo en tus manos, tú dirás.

Espero que te haya gustado, compañera, porque la verdad es que con tanta sensibilidad que desprende tu blog, me da miedo no estar a la altura.

Anuncios

9 Comments

  1. Sensaciones: empiezo, leo los primeros párrafos, y pienso: arranca bien, me sorprende: le da profundidad desde el principio con ese contexto… va muy bien!
    Sigo leyendo. La criada entra en la historia poco a poco. Bien! La cámara se va fijando en ella.. me gusta! Vaya que si.
    Momentazo frufrú. ¡Ahí te quiero ver! Vaya, está arriesgando, pero… ¡se sostiene, joder! el topicazo encaja muy bien. ¡Esta es mi niña!
    Y por último actúa cupido. ¿Demasiado pronto? La historia prometía más escarceo y va y se tira de cabeza a la introspección… pero funciona!
    Eso si, se ha subido el listón cerrando así la escena… ahora tiene que darle continuidad con oficio.

    Y yo no dudo que lo hará.

    Resumen: me has conquistado, y mira que este genero… 👏👏👏

    Le gusta a 1 persona

    1. Creo que eres demasiado magnánimo conmigo, bueno con el fru-fru😀😀
      A ver que le parece a Elficarosa…
      La verdad es que me lo he pasado bien imaginando la escena, casi he podido oler el humo de los puros y oír el tintineo de la campanilla…

      Le gusta a 1 persona

  2. Me quedo con las ganas de saber como va avanzando ese flechazo, ¿caerá ella o no? ¿liberará él la nueva revolución y se olvidará de la doncella? ¿sucumbirá en alguna emboscada? o Sse cansará del frú-frú de sus enaguas? ufff, ¡qué incertidumbre!
    Tendrás que seguir la historia, Sadire.
    Un beso.

    Le gusta a 1 persona

  3. Mi consejo es que continúes la historia. Ese estilo descriptivo, ese lenguaje tan bien cuidado; esa escena tan bien detallada; cómo se despierta el interés por la bella y discreta doncella. Me transportaste al siglo XVIII, como deseabas. Y ahora soy yo quien ansía que prolongues la magia.

    Le gusta a 2 personas

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s