Platos fríos a primeros de mes.

Todo preparado para la visita de cada mes. Un camino conocido. Un viaje ritual cargado de angustia y remordimiento. Mil dudas por todo trayecto. El coche trotando por los baches del viejo camino, empeñado en volcarle su sucia balanza de equilibrios imposibles. Los recuerdos pisando el acelerador mientras la conciencia no consigue alcanzar al pedal del freno.

Recuerdos que empujan.

De tardes eternas intentando unir las piezas, para ver cada noche como se vuelven a descomponer en lágrimas. De aquellas imágenes impotentes de la inocencia secuestrada entregándole al juez los últimos pedazos intactos de su alma. De todas las verdades inútiles de negro, las muecas absurdas del código penal.

Recuerdos que corroen.

Mirada impasible, fría, oscuro espejo de las tinieblas del alma. Ojos calculadores descontando años y amortizando mentiras, especulando con cada gesto y en cada mirada. Ojos cómplices, seguros, conscientes de la trampa de la toga. Ojos indemnes que mirar al infinito por desprecio, por miedo, o por no mirar nada.

Simplemente recuerdos.

De risas absurdas en la bañera, de cuentos que el sueño siempre dejaba a medias, de la niña que una mañana dejó de serlo y, asustada, lloró como la niña que había sido por la mujer que le estaba saliendo de dentro. Recuerdos como puñales de la noche maldita. Recuerdos de muchos futuros que ya nunca podrían ser, no ahora, no con esa cicatriz desfigurándole la memoria. No con ese desprecio tatuado entre las piernas.

De tan transitadas, las curvas ya le resultan familiares. Los muros le esperan en la distancia. Las casas medio derruidas del camino casi se atreven a saludarle, pero nada saben de sus motivos. Nadie en realidad los conoce, y así tendrá que seguir. Todos los meses lo mismo. En un punto de la colina pierde el impulso. Le cuesta subirla. Allí vuelven las preguntas, la lucha por parar y, quien sabe si así, poder salvarse. Tiene que decidir, como cada mes, si sigue o vuelve. Y sigue, como siempre.

Preguntas sin respuesta.

¿Por qué yo? ¿Por qué a mí? ¿Por qué ella? ¿Por qué? ¿Por qué?

Preguntas casi sin respuesta.

¿Seguir o volver? ¿Hasta cuando? ¿Merece la pena? ¿Va a arreglar algo?

Simplemente preguntas.

¿Soy yo la justicia?

Aparca lejos de la casa, como tiene por costumbre. Cierra y se asegura de que el coche esté bien cerrado. El lugar nunca le ha gustado. Lo odia. Y sin embargo vuelve. Queda un corto paseo hasta la mano que recoge el sobre.

─No vuelva usted más por aquí, por favor.

─Lo he intentado, pero siempre acabo volviendo. Usted es madre. Me entiende.

─Por eso mismo, no vuelva.

El camino de regreso es el mismo, pero cuesta abajo, y más cargado aún de remordimientos. Le duele el dolor que acaba de comprar, y aunque el dinero no importe, le duele sobre todo saber cuánto le ha costado.

Las curvas se suceden. Él sabe que su visita le convierte en algo no muy distinto a ese ciego instrumento que, dentro de los lejanos muros, le está haciendo padecer lo indecible a aquel bastardo violador de niñas, sin tener para ello otro motivo que ese sobre que cada mes, sin faltar uno, le llevan a su familia.

No, en realidad no son muy distintos. Ambos lo hacen por aquellos a los que más quieren.


 

Otesanía pedía un final sorprendente. Y conste que lo tenía, pero… se cargaba toda la historia. La he reescrito, haciendo caso a mis impulsos. Creo que así está mejor, aunque se pueda llegar a intuir el final por el camino. Es el precio a pagar: Me importaba más el dilema moral que la intriga. 

¿La diferencia? Cuando prevalece el suspense, las preguntas te las haces antes del final. Cuando pesan más la carga ética o la profundidad de una historia, las preguntas te las haces después.

Espero que os haya gustado. 

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3 Comments

  1. Uffff! He tenido que leerlo dos veces!!
    No sé cómo sería el primer final, que dices ya era sorprendente, pero este te ha quedado “redondo”!! Me has dejado con la boca abierta y… haciéndome preguntas… Tantas… que he tenido que releerlo de nuevo para responder alguna de ellas así que…¡Reto conseguido!! 👏👏👏

    Ah…y que sepas que me das muuuucha envidia (envidia sana de entiende, si es que la envidia puede ser sana, claro) 😉
    Como “contador” de historias eres único y… como “contador de historias a medida” en tiempo récord, insuperable…..bueno…insuperable igual no porque tú mismo te superas siempre…con la siguiente historia..😊
    ¡Pensaré en otro “reto” para ti! 😝🙃🤗

    Le gusta a 1 persona

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