La verdadera historia del profesor Nippú Taidea.

Muy poco se conoce sobre la infancia del profesor Nippú. Los únicos datos al respecto provienen de una sesión de hipnosis regresiva a la que se sometió el profesor hace unos años, conducida por él mismo para ahorrarse el coste de esta terapia en el mercado profesional. Dado el laborioso proceso de autohipnotizarse para contestar y autodeshipnotizarse para preguntar, la información resultante no parece muy fidedigna. De hecho, se reduce a la descripción de una serie de imágenes y recuerdos bastante difusos:

Uno recuerda aroma de pólvora flotando sobre campos de arroz, gusanos de seda haciendo capullo y dragones azule entre toda gente viste blanco.”

Esto ayudaría a contextualizar al personaje si no se estimara que más de trescientos millones de personas podrían compartir esos mismos recuerdos. Poco más se pudo obtener de la citada sesión, pues el profesor conocía bien sus propias tarifas y no estaba dispuesto a dejarse estafar por sí mismo, ya fuera hipnotizado o no.

Posteriores investigaciones arrojaron más luz al asunto, sobre todo el descubrimiento de su ficha policial y los sumarios judiciales de algunos asuntos en los que se vio envuelto. Una prolija labor documental y los testimonios de algunos de los demandantes aportan una información valiosa y de primera mano que permite rellenar las grandes lagunas existentes en su biografía (no digamos ya en su memoria).

Se sabe, por tanto, que el joven Nippu llegó a España por mar a principios de los setenta. De forma ilegal, por supuesto: fue encontrado por la policía de aduanas en el interior de un container durante el decomiso de un alijo de estupefacientes en el puerto de Valencia. Al cotejar las denuncias parece claro que a sus cuatro añitos Nippu ya era bastante despistado: los inmigrantes ilegales fueron encontrados en otro contenedor distinto en el mismo barco. Se conoce que Nippu se equivocó al embarcar y se metió en el que ocultaba los derivados del opio.

Pensar en esa larga travesía de varios meses, solo, sin alimentos y encerrado en un cajón de metal repleto de droga, nos descubre la razón por la que ese extraño niño chino de mirada perdida y sonrisilla estúpida fuera detenido, etiquetado, almacenado y finalmente custodiado como un elemento fundamental de la investigación. Se comprende también que por mandato judicial no se le permitiera ir al baño hasta después la celebración del juicio, no fuera a perder carga probatoria. Aquel lamentable episodio dejó secuelas de por vida en Nippú: en todos estos años el maestro no ha vuelto a necesitar laxantes.

Tras su dificultosa puesta en libertad (el fiscal quiso dejarlo almacenado junto con el resto de pruebas por si los traficantes presentaban recurso a la sentencia), Nippu deambuló por Valencia y sus alrededores ocupado en los más diversos menesteres.

En primer lugar entró a trabajar en un restaurante chino donde, dada su falta de aptitudes para la cocina, ejerció de pinche de segunda, puesto de trabajo que se reduce a proveer las materias primas. Son de entonces sus recuerdos de arrozales y pólvora, respondiendo con seguridad a sus continuas idas y venidas por la Albufera para surtir la despensa del restaurante: no quedó un gato vivo en veinte kilómetros a la redonda.

Pero Nippu era un joven emprendedor y ambicioso, y se propuso prosperar en aquel negocio. Ideó por ejemplo un sistema para mejorar el aprovechamiento del género, deconstruyendo las sobras que volvían del comedor para montar con ellas nuevos platos minimalistas de alta cocina que, tras echarle una firmita con salsa de soja, volvían al comedor con aura de estrella michelín.

Mientras deconstruía una galleta de la suerte Nippú asistió a una de las revelaciones espirituales que han marcado su existencia. El mensaje de la galleta decía “la fortuna sonríe a quien le hace cosquillas”, y Nippu, tras leerla, tomó una determinación: dejó aquel cómodo y lucrativo trabajo y se metió a tatuador.

Nippú, ya adolescente, sucumbió en esa época a la batalla hormonal que se libraba en su interior. Se hizo rebelde y contestatario, cambió su imagen de forma radical (se sabe que dio con un peluquero que usaba de molde un extraño orinal que dejaba los flequillos a lo Bruce Lee y las rebabas a lo Kung Fu), y expresó su indignación contra la sociedad que tanto le había maltratado dedicándose a gastar todo tipo de bromas pesadas.

Todavía quedan valencianos que no han descubierto aún que esos caracteres chinos que llevan tatuados en los brazos o los tobillos en realidad significan “no puedo ser más gilipollas“, “hasta aquí me llega cuando me rasco el culo” o “dame una colleja chino de Mierda“. Esta última frase, de la que abusó a tutiplén, está documentada en múltiples denuncias por agresión interpuestas a ciudadanos chinos por los tatuados, incapaces de comprender por qué recibían tantas leches en el cogote.

Poco duró Nippu en ese negocio, como bien se puede imaginar. Justo hasta el día que tatuó en elegantes caracteres orientales “soy una maricona” en el brazo del único valenciano que, además de saber chino, era campeón regional de halterofilia. Algo más tarde, justo al salir del hospital, Nippú se inició en el negocio de la cera.

En aquellos tiempos tenía prisa por prosperar, y para ello se introdujo en el negocio más tradicional y lucrativo de su cultura, el que ha dado más renombre a su país que al propio Marco Polo en cualquier piscina: el negocio de la cera. No, no hablamos de la seda, sino de la cera. ¡Repartir cera!: Nippú se metió a aprendiz de matón en la sucursal de su barrio de la mafia china.

Esta nueva etapa aportó grandes hitos a su currículum. Aprendió contabilidad al recaudar los pagos por la protección a los distintos comercios, adquirió valiosos conocimientos en balística, en traumatología experimental, en toxicología y su logística,  y además de ello, con todo lo que pudo ahorrar se sacó el carnet de conducir.

Llegados a ese punto un nuevo viaje por mar vino a darle un nuevo golpe de timón a su existencia. Su jefe de zona, Ke Han Liao, le envió a hacer entrega de un extraño paquete a un cliente de Ibiza y Nippú ya nunca regresó.

De ese momento datan las imágenes de colorido mas inquietante de la memoria del profesor: dragones azules entre la gente vestida de blanco. El blanco se debe sin duda a la moda adlib, mientras que sobre el azul hay cierta controversia: Hay quien lo achaca a una secuela más de su viaje en contenedor, y hay quien lo asocia más bien a una recaída.

Lo cierto es que Nippú pasó quince años en esta isla dedicado al negocio farmacéutico, con gran aceptación y éxito comercial. Desde el primer momento se dio cuenta de que para abrirse mercado tenía que dar mejor servicio que las farmacias existentes en la isla, y por tanto se dedicó a llevar los medicamentos en persona, sin importar la hora y sin necesidad de receta. El negocio le iba tan bien que al poco tiempo pudo reducir su horario laboral y dedicar el día entero a descansar o a tratar de deshacerse de los dragones.

Se cree que fue entonces cuando empezó a sufrir alucinaciones. Alucinaciones sin motivo, se entiende. En cualquier esquina se le podía aparecer Confucio, Buda o Lao Tsé, sin solución de continuidad, e incluso a veces en comandita. Afirmaba que hablaba por telepatía con Jackie Chan y le ayudaba a escoger los guiones de las películas (se cree que en esto hay algo de verdad). A veces se subía en una silla y se ponía a declamar en chino, no se sabe si el Sun Tzu, el Libro Rojo o tan solo recitaba el menu de aquel restaurante donde trabajó. Y se volvió tan místico que quiso hacer milagros.

Trató de levitar en la puerta de una discoteca y del esfuerzo se le escapó un pedo tan espantoso que tuvieron que desalojar el local. Intentó caminar sobre las aguas del puerto, pero Arquímedes pudo más que aquellas suelas de corcho y el intento no acabó en desgracia porque alguien que no estaba partido de la risa le pudo echar un salvavidas. Pero lo peor fue cuando quiso devolverle la vista a un ciego haciéndolo girar y saltar para que expulsara el mal que lo había poseído: Del bastón no se sabe nada y al perro todavía lo siguen buscando, pero algo de vista si que tuvo que recuperar aquel hombre, porque de otra forma no se entiende como pudo calzarle aquel bofetón a Nippú con tanta puntería.

Envuelto en este frenesí espiritual, entregado al trabajo en un negocio que cada vez le demandaba más tiempo y esfuerzo, y atrapado sin remedio en una espiral de visiones y ensoñaciones, Nippú termina un día alejándose de pronto del mundanal ruido para acabar viviendo solo, como un ermitaño, sin ver la luz del sol ni tener comunicación con sus semejantes. Aunque se desconocen las verdades razones que le indujeron a vivir aislado y abandonar sus amistades y negocioes, lo cierto es que en esta época el maestro pierde todo contacto con el mundo y, como posteriormente cuenta a sus discípulos, encuentra aquí su verdadero lugar en el eterno ciclo de las reencarnaciones. Es ahora cuando desarrolla su sabiduría y sienta los principios de su particular filosofía, en un periodo extenso y oscuro pero muy productivo. Existen ciertas dudas sobre su duración total, que algunos estiman en unos diez años, mientras otros estudiosos afirman que fueron dos años menos, por buena conducta.

Y Nippú vuelve renovado a la sociedad. Tal vez más ajado en lo físico, más añoso en el aspecto, pero también más sabio, mas profundo, y sobre todo más libre. Vuelve el maestro, el profesor Nippú que tan bien conocemos hoy y que cada cierto tiempo nos ilustra con su saber en su blog El Profesor Nippú Taidea.


 

Este texto viene a petición de Fabio Descalzi, quien bajo su propia responsabilidad ha osado invocar a Nippú con estas palabras:

Oye, Isra, y el viejo maestro Nippú, ¿qué opina de todo esto?

Como quiera que el maestro lleva unos meses en silencio por causas ajenas a su voluntad, he querido complacer a mi amigo Fabio con esta semblanza del personaje, aún a riesgo de padecer sus iras el día que vuelva a nosotros.

 

 

 

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7 Comments

  1. “Sufrir alucinaciones sin motivo…” no me consta, si es que creció rodeado de opiáceos. Ahí tendrá la raíz de su problema, eternamente injertada en algún recóndito rincón de su cuerpecillo. Condenado a arrastrar el opio incluso en sus reencarnaciones.

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  2. Muy divertida la historia de Nippú. ¡Vaya andanzas las del chinito! ha ido probando y probando, buscando su vocación incansablemente, ¿dónde se habrá metido? ¿en algún contenedor de estupefacientes para recordar su infancia?

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    1. La verdad es que le tengo mucho cariño al personaje; en el fondo es un inocentón de cuidado. En ese blog he enterrado muchos disgustos, transformados en risas y un pelín de ácido. Hace tiempo que no lo necesito, y espero que siga así, pero ahí esta por su hace falta.
      Esa si es la verdadera historia.
      Un abrazo!

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