Palabras disidentes.

La llamada le sobrevino mientras arrastraba su vieja pluma Parker por otro erial nevado al que sabía que nunca le llegaría la primavera del éxito. Palabras sembradas en otro folio más predestinado a terminar de ocupa en una papelera, ya fuera arrugado en la que había bajo la mesa, o puede que encuadernado para abultar con clase en alguno de esos vertederos de ilusiones que vacían cada noche las limpiadoras de las editoriales.

Ni siquiera recordaba haberse presentado a ese concurso, tan solo uno entre docenas. O cientos tal vez, boletos de una lotería inútil de la que los continuos fracasos no lograban rehabilitarla. Ni desde luego esperaba el imposible que ahora le estaban contando. Colgó. Tardó unos cuantos minutos en poder cambiar la Parker por un teclado.

Los pasajes llegaron por mensajero antes de que bajara de la nube, quizás para impedir que los pies hollaran de nuevo el suelo. La entrevista mereció su mejor vestido, y alguna que otra inconfesable concesión al espejo. Ser mejor es también no ser una, pero ella ya había pagado precios más altos otras veces. Pero ninguna de ellas, una o mejor, daba la imagen. Quedaba, sí, algún consuelo en la cuenta bancaria, pero la fama no podía estar huérfana.

Triste consuelo en cifras para sus lágrimas de última fila cuando asistió a la ceremonia de adopción de su criatura. Los flashes acompañaron al premio mientras cambiaba de mano. La combinación era perfecta, letras valiosas y madrastra mediática. Todos contentos, o casi. La noticia abrió hasta un informativo, por su indudable repercusión, o quizás porque la editorial tenía acciones de la cadena.

Aunque ahora podía permitirse una Montblanc, ella permaneció fiel a su querida Parker. Fiel siguió también a su estilo, y a su arte, pero puta a la fuerza. Porque la fama obliga y el mercado paga las facturas. Las ideas empezaron a llegar por email, y el éxito por transferencia. Letras tarifadas. Palabras por encargo. Porque la ola solo se sostiene si se la alimenta sin parar con espuma que pueda ir devorando con su cresta insaciable.

A veces se permitía el lujo de verse en aquella cara tan entrevistada, o de solazarse con todos esos homenajes de nombre equivocado. Ya no dolía tanto. Te acostumbras. Es fácil cuando los trozos de tu mejor vestido ahora limpian los cristales. Cuando tu dignidad, aún hecha jirones, se puede dar el gusto de preguntarse cada mañana qué va a ponerse.

Entre tantas historias a demanda, aquella era su historia.

Hasta que una mañana todo se rompió. Se sentó a escribir desnuda y disidente. Dejó que esa historia, la suya, fluyera con dolor por su pluma, y en lágrimas azules llenó de verdad cientos de folios.

Fueron sus mejores letras, sin duda, palabras valiosas que quiso regalar al mundo que la había ignorado, esparciéndolas al viento con su estilo, su arte, su verdad y, sobre todo, con su propio nombre, María.


 

Esta historia es para María, quién la pidió con este comentario escueto que, sin embargo, decía mucho:

Me confieso disidente. Yo deseo que escribas lo que tú desees escribir.
Gracias y Besetes.

O al menos así me lo pareció a mí, cuando quise leer mucho más de lo escrito por ella. Hablaba de disidencia, de escribir y de deseo. De la independencia del autor, y del esfuerzo de la conciencia por mantenerse en sus principios incluso en contra de la corriente. 

Espero que le guste, y también que os guste a todos. 

Os recuerdo que podéis dejar vuestras peticiones en esta página del blog, donde siempre será bien recibidas y por supuesto atendidas.

¡Muchas gracias!

 

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7 Comments

  1. Este escrito refleja una realidad, oculta seguramente para muchos, que me resulta muuuy triste. No sé si es por orgullo o simplemente que odio la mentira y el engaño pero creo que yo, en el caso de tener suficiente talento, preferiría hacer cualquier trabajo por duro que fuera para ganarme la vida antes que participar en algo así…

    Luego está el tema de la gente que compra los libros por el “personaje” que ven en la portada aún sabiendo que esa persona no sabe hacer la o con un canuto y por tanto difícilmente puede haber escrito ese libro…. pero eso es ya ..otra historia… 🙄

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  2. Escribir para ganar dinero y ser importante o escribir para desarrollar una idea, un sentimiento… esa es la cuestión.
    Creo que habrá de todo, depende de la ambición de cada uno, pero el que miente a los demás, también se miente a mí mismo, hasta que, como en la historia, le salga de dentro todo lo que su dignidad le está reclamando y le haga echar el resto o recluirse para siempre…
    Muy bueno, Israel, como acostumbras, tú no necesitas un negro que te escriba, jaja.
    Un abrazo.

    Le gusta a 1 persona

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