Caso cerrado.

El informativo adelantó la noticia en portada ante la mirada impasible de Mónica: Ramón Alvárez se había quitado la vida esa tarde en su celda. El resto era previsible. Esa misma noche, millones de espectadores podrían saciar su sed de justicia bebiendo a intensos sorbos los diversos programas de análisis que ofrecerían la mayoría de las cadenas. La sociedad tardaría bien poco en amortizar una muerte deseada a gritos por unos cuantos exaltados ante los juzgados, y por muchísimos más en la intimidad de sus conciencias.

Y por algún tiempo más los medios se entregarían a airear los detalles más escabrosos y, cargados de ecuanimidad, engrandecerían el sufrimiento de las víctimas y la perversión siniestra del culpable. La veta no se agotaba con la muerte de un asesino. Todavía rezumaba negocio de tanto dolor acumulado, y siempre quedaban minutos disponibles en prime time para explotar un asunto de tanto calado, hasta que una nueva y horrible mancha de mora viniera a borrar la actual.

Pero para la ley todo había terminado. El caso estaba cerrado. La providencia había terminado de actuar.

Mónica llegó temprano a la brigada, como de costumbre. Más de lo mismo en los periódicos de la mañana. Un par de expedientes la esperaban en la bandeja de su mesa y otro bastante grueso debería tomar ya el camino de los archivos. Ese era el orden de las cosas, pero no esta vez. Aún quedaba algo por hacer.

Salió por la puerta trasera para evitar el revuelo mediático. Sin uniforme. Montó en su propio coche y atravesó, desapercibida y anónima, la entrada principal, sorteando a los atrevidos paparazzis que clamaban por su porción de carnaza. Tenía que volver una vez más a aquel colegio, y nadie debía seguirla.

El jefe de estudios se extrañó mucho al verla. No tenía que estar allí. Los psicólogos estaban haciendo su trabajo y una de sus primeras recomendaciones había sido aislar a los alumnos del asunto. La presencia de la investigadora del caso solo podía volver a hacer daño y hurgar de nuevo en la herida.

─Solo necesito unos minutos con Raúl. Tráigalo aquí, y déjenos solos.

El niño había tardado dos semanas en volver al colegio. Seguía sin asumir la pérdida. Apenas articulaba palabra. Su aspecto temeroso y atormentado desaconsejaba exponerlo a un nuevo interrogatorio que, además, ya no podía tener ningún objeto. Mónica tuvo que mostrarle la orden judicial al director para conseguir hablar con la criatura.

Tal vez fueron los minutos más duros de toda su carrera.

Raúl no paraba de sollozar. No respondía a sus preguntas más que bajando la cabeza y gimiendo. No podía presionarle y, sin embargo, era necesario que lo hiciera. Trató de empatizar con él. No es fácil ganarse la confianza de un niño que no tiene padre y acaba de perder a su hermano mayor. Nada fácil, cuando todo un país le compadece y toda una sociedad le protege.

No era psicóloga. Ni siquiera tenía buena mano con los niños. No iba a sacar nada, aquello no tenía sentido. Iba ya a dejarlo cuando el niño rompió a llorar y entonces no pudo evitar estrecharlo entre sus brazos. El niño reaccionó quejándose. Pero no protestaba por la inesperada muestra de cariño. Había sido una reacción instintiva e inevitable. Mónica llamó al director.

─Acompáñeme a la enfermería. Y llame a alguno de los psicólogos.

La psicóloga atravesaba a Mónica con una mirada cargada de odio mientras, obedeciendo sus instrucciones, le quitaba la camiseta al niño.

Los hematomas eran recientes. Los de los brazos, quizás los mas dolorosos. Los de la espalda, aún menos comprensibles.

En el trayecto de vuelta hizo varias llamadas apresuradas. Pidió vigilancia y protección para el niño. Se citó con su jefe. Llamó a la cárcel, al secretario judicial, y le pidió a un compañero que le llevara el expediente a su casa.

Se había activado el resorte. Ahora necesitaba tiempo para pensar. Las páginas del expediente desfilaron de nuevo ante su vista, una tras otra, pero con una perspectiva diferente. Los indicios tenían bastante carga probatoria y, sin embargo, se podían prestar a otra interpretación. El Adn estaba allí, pero lo podrían haber puesto. Las coartadas no parecían ahora tan irrefutables. Los testimonios eran claros, pero provenían de voces infantiles.

Recordó la escena de la enfermería. ¿Se llora solo de dolor o también por miedo? Esos hematomas no los podía haber causado un muerto. Pero, entonces, ¿quién? ¿Sería verdad? Solo tenía una posibilidad. Solo tenía una carta en la manga, y tenía que jugársela. Cuanto antes, mejor. Antes de acostarse hizo algunas llamadas más.

La mañana siguiente amaneció clara y luminosa. La prensa seguía asediando el cuartel, y también la cárcel y el dolorido domicilio de la víctima. Tuvieron que cerrar las ventanas de la sala y echar todas las cortinas.

Pronto llegó la familia, y también los abogados, y después el secretario judicial y algunos otros oficiales. Aquello era bastante anómalo y el cuerpo tenía que protegerse de cualquier paso en falso. Se aportó la documentación necesaria, se mostraron las ordenes y los permisos, y se pactaron las condiciones con los abogados. El secreto de sumario estaba aún en vigor, pero el juicio, habiendo fallecido el acusado en prisión preventiva, prometía dilatarse, aparte de que la providencia le había ahorrado su trabajo al juez. Y al verdugo.

Mónica tomó la palabra en primer lugar, y por tanto la iniciativa. Hizo una recapitulación del caso, desde los antecedentes del viejo profesor Alvarez, pasando por las denuncias al colegio, los testimonios de los alumnos y de los demás profesores, para entrar a analizar las circunstancias del crimen, en principio visto como el suicidio de un preadolescente y poco después, tras la presión de las evidencias, como un crimen inducido.

No dejaba de observar a los asistentes. No había espacio ya para más interrogatorios, y de hecho le habían recomendado no hacer ciertas preguntas ante los letrados, pero tenía la imperiosa necesidad de provocar una reacción.

Poco a poco fue extendiendo el lazo. Bajo la apariencia de querer concretar los detalles que necesitaba para completar su informe a la fiscalía, reforzando así la acusación, se dedicó a exponer algunos hechos concretos, meros detalles, para estimular un clima de colaboración entre los presentes. Citó, por ejemplo, la mochila del niño, de la que no habían podido averiguar cierto detalle, o las fechas y contenidos de las conversaciones que había mantenido la madre con la dirección del centro, la jefatura de estudios y los tutores durante los últimos meses. Esta se prestó a colaborar y pudo corroborar algunas fechas y concretar ciertos aspectos.

Entonces Mónica decidió sacarse la carta de la manga.

─El caso es que nos consta una visita del dos de febrero de la que no tenemos ninguna información.

─¿El dos de febrero?

─Si, el dos, cayó en lunes. La cita está anotada en la agenda del profesor Alvarez.

─Imposible. ¡Yo jamás me reuní con ese… canalla!

─Tenemos un testimonio que la contradice.

─Eso es mentira. ¿Quién puede decir que estuve con ese malnacido?

─¿Pueden hacerle pasar?

Los agentes abrieron la puerta y acompañaron a la sala al mismísimo Ramón Alvarez. Renacido de entre los muertos, el profesor entró esposado y tomó asiento con calma entre los agentes que le custodiaban. Llevaba un pequeño objeto entre las manos. Mónica le invitó a hablar.

─En esta grabación se puede escuchar claramente como usted reconoce maltratar a sus dos hijos, confirmando mis sospechas, y como la aviso de ponerlo en conocimiento de los servicios sociales. Después usted me amenaza con destruirme si lo hago y me dedica todo tipo de insultos. Es muy edificante, si quiere la podemos oír en este mismo momento.

Ante la mirada de todos la madre enterró la cabeza entre sus manos y rompió a llorar. Ante la evidencia, se derrumbó y confesó su crimen. De resultas de los siguientes interrogatorios se pudo establecer que ella había maltratado sistemáticamente a sus dos hijos, que les infundió el miedo necesario para que nunca dijeran nada y que manipuló a su hijo pequeño para que sostuviera la versión de los hechos que había servido para culpar al profesor. Confesó finalmente que ella, en realidad, no había querido causarle ningún daño a su hijo, pero tuvieron una fuerte discusión, su hijo se rebeló contra ella y le dijo que no quería mentir ni hacerle más daño a su profesor, y ella empezó a acosarle de tal manera que el chico escapó y se fue a aquel lugar a quitarse la vida.

Mónica, consciente de que todo el caso se basaba en declaraciones y en una serie de pruebas que, siendo ciertas, podrían interpretarse de distinta manera, tuvo la intención de que había algo más.

El juicio mediático, el peso de la opinión pública y la imagen de una madre rota de dolor habían levantado una niebla espesa que ocultaba algunos detalles significativos del caso. En algún momento supo que no tendría más remedio que arriesgarse. Acordó con el profesor la simulación de su suicidio para poder lograr el impacto emocional que rompiera la trama de mentiras que había levantado la verdadera culpable. El detalle del pendrive, adquirido aquella misma mañana, fue el detonante que ella jamás habría podido utilizar para no invalidar la confesión, pero en manos de un testigo era totalmente inocuo. Nunca se grabó aquella conversación, pero eso solo se supo después.

El agua derramada jamás puede volver al vaso.

Mónica abrió el siguiente expediente de su bandeja. Raúl terminó con una familia de acogida. Su madre, en la cárcel. El profesor Alvarez nunca pudo recuperar su imagen pública y privada, y siguió viviendo por muchos años bajo el peso de la duda y la sospecha. Su nombre estuvo ya siempre estuvo asociado a la muerte de un niño.

Y los periodistas, analistas, expertos y presentadores que informaron sobre el asunto continúan aún en sus puestos, cargados de ética y suficiencia, preparados para analizar el siguiente caso, y quién sabe si destruir a otra persona inocente.


 

En este caso la petición vino de otesanía, quien dejo un comentario con estas palabras:

Dicho esto, mi respuesta es que a mi me gusta que me sorprendan con historias de esas que te dejan con la boca abierta al llegar al punto final…🙃🙃🙃
Ahí lo dejo….🤗

Estuve tentado de hacer una historia ligera con final chocante, pero entre que no se me ocurría nada, no estaba de humor y tenía la mente en otras cosas, opté por adentrarme en lo más oscuro de la condición humana. Y en muchos aspectos, como habéis podido comprobar: en esta historia nadie juega limpio, aunque algunos lo hagan con buen propósito, y otros no tanto.

Espero que os haya gustado, sobre todo a otesanía, y que sigáis pidiendo más historias (debéis hacerlo aquí, en este blog, en la página de peticiones)

Muchas gracias 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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6 Comments

  1. ¡¡Buena historia!! Parece el guión de una película!!! Jejeje….

    Lo del final “sorprendente”…. bueno…. realmente sorprende el final de la trama pero quizá das demasiadas explicaciones al final…. ¿no? Yo hubiera terminado el relato en este punto…con algo así …

    … “Ante la mirada de todos la madre enterró la cabeza entre sus manos y rompió a llorar confesando su crimen. Caso cerrado.”

    A partir de ahí el lector se queda pensando (con la boca abierta) y atando los cabos que aún no haya pillado….🤣🤣 🤣

    Muchas gracias por la “historia a medida”… A ver si se me ocurre algún tema interesante y hago otra petición…🙂

    Le gusta a 1 persona

    1. Llevas razón, pero me he puesto en modo yaya: a mi abuela le fastidiaba que se terminaran las películas sin ver como el chico y la chica se casaban, tenían hijos, compraban el seiscientos y… algo de eso llevaré en los genes.😂😂
      O puede que me apeteciera darle un palito a los medios sensacionalistas, que también.

      Encantado de que sigas con ganas de pedir, y si te atreves, esto está abierto también para escribir para los demás! ¿Por qué no? No es un concurso, solo se trata de dedicarle algo de tu tiempo a otra persona👍👍
      Un abrazo!!

      Le gusta a 1 persona

      1. Seguramente un poco las dos cosas… Jejeje
        También te digo que sorprenderme a mi con un final es difícil… Lo tenías complicado…Creo que mi mente es demasiado rápida para atar cabos sueltos y casi siempre “veo” el final antes de que llegue. (Me suelo “spoilear” a mí misma los finales de las películas, libros, relatos, etc!!! 🤣🤣🤣
        ¡¡Ojalá fuera tan ágil para inventar yo las tramas!! 🤣🤣

        Muchas gracias por el ofrecimiento de participar en las Historias a Medida.
        A mi se me dan más o menos bien las crónicas (o eso dicen) pero los relatos no tanto… He escrito algún micro-relato (al ser corto requiere menos imaginación…😂😂) pero bueno… si veo que piden algún tema que me inspire alguna historia interesante os lo hago saber….😉

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        1. Esa es la idea! Pasar de vez en cuando por las peticiones y ver si hay algo que te motiva.
          Seguro que haces algo bueno, y seguro que te lo agradecerán👍👍

          En cuanto a tu habilidad spoilera, te vas a librar porque tengo tarea pendiente, pero ya pensaré algo, ya😎😎😎

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          1. Ay madre!!! Que he despertado a la “fiera” creativa!! Tampoco te pases!!! Eh? A ver si ahora me va a dar un infarto con un final demasiado “sorprendente”!!! 😝😝
            Venga… Va…Te voy a dejar un tema nuevo en una petición y a ver si me llevas a un final no previsible por mi mente deductiva/spoilera. 😊

            Le gusta a 1 persona

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